Los alumnos del Colegio Europeo de Madrid crean una prótesis 3D para una de sus compañeras

Redacción
Domingo, 18 Marzo 2018
Los alumnos del Colegio Europeo de Madrid crean una prótesis 3D para una de sus compañeras - impresoras 3D

El Colegio Europeo de Madrid, centro bilingüe privado pionero en educación temprana siguiendo el modelo de Glenn Doman, siendo fiel a su filosofía de desarrollar con sus alumnos proyectos que cumplen objetivos reales, ha conseguido poner en marcha una iniciativa fascinante: una prótesis 3D para una de sus alumnas, llamada Beatriz.

Una de las características principales de este centro, que se encuentra en las Rozas y cuyos alumnos empiezan su educación a los 0 años en la Escuela Infantil Europea BEBIN, es mantenerse siempre a la vanguardia en cuanto a proyectos educativos se refiere. Por ello, las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental en la educación de sus alumnos que, además, disponen de una Aula de Inmersión Digital donde se imparten la mayoría de sus materias adaptadas a lo último en tecnología: gafas de realidad virtual, impresoras 3D, etc.

Así pues, gracias a la organización encargada de construir prótesis para niños Enabling The Future y con el objetivo de seguir formando a sus alumnos en valores y, además, trabajar con ellos en proyectos reales con el fin de prepararles para el futuro profesional que les espera, profesores y alumnos han desarrollado una mano 3D para una de las alumnas del centro, a la que le falta esta parte de su cuerpo.

La niña, actualmente en cuarto de primaria, nació sin su mano izquierda. Y aunque, como aseguran sus profesores, no tiene ningún dificultad para llevar a cabo sus tareas diarias, contar con una prótesis le podría facilitar algunas.

Beatriz ya contaba con una impuesta desde la Sanidad pública, pero, lejos de ayudarle, le perjudicaba. “Era una mano rígida, apenas le da movimiento de pinza y, además, era muy pesada: le provocaba lesiones en el hombro, cuello, así que tenía que estar haciendo rehabilitaciones constantes con fisioterapeutas”, explica a HojaDeRouter.com Velasco, tutora de Beatriz durante varios años. Así que la docente comenzó a investigar por internet y vio que en la nueva impresora 3D que había llegado al colegio algunos unos meses antes podía estar la solución. Se lo comentó a su compañero Calvo, lo vio viable y juntos se pusieron manos a la obra.

Lo primero fue buscar el diseño y adaptarlo a la mano de la niña. “Yo cada poco le medía la mano y ella, al principio, aunque yo se lo explicaba, no sabía muy bien para qué”, recuerda Velasco. Así empezaron a modificar y personalizar las piezas con programas de diseño como FreeCad o Cura3D, que también se enseñan en el centro.

En todo el proceso les sirvió de gran ayuda la colaboración de la organización  Enabling The Future, una gran comunidad de personas de todo el mundo que utilizan impresoras 3D para crear manos y brazos y luego los publican en la Red. Ellos les mandaron planos, les aconsejaron materiales, les dieron instrucciones para la impresión y les mostraron cómo debía ser el ensamblaje a través de vídeos.

Del montaje se encargaron directamente los alumnos. En solo dos sesiones, los compañeros de Beatriz tuvieron lista la mano. “Primero comenzaron puliendo las piezas para que se pudieran encajar correctamente unas con otras”, detalla Velasco. Y luego les tocó armarla. Esa fue su parte favorita, como aseguran Marta y Javier, dos de los alumnos participantes. 

“Incluso nos echaron una mano los mayores, en un recreo, para los tensores”, puntualiza Calvo, quien también ve en la tecnología una forma de transmitir valores. “No es solo utilizar los recursos, sino es también hacia dónde vamos con los recursos”, reflexiona. “Y con esto les enseñábamos a los niños que íbamos a ayudar a una compañera”.

El curso pasado, casi llegando a su fin, todo el colegio se reunió en el patio para entregarle a Beatriz su nueva mano. Cuando se le pregunta cómo se sintió al recibirla, una gran sonrisa le ilumina la cara y contesta tímida: “Muy bien”. Aunque lo cierto es que su profesora Esmeralda confiesa que estaba “un poco nerviosa”. “Me agarraba y no era capaz de articular palabra”, recuerda emocionada la docente. “Algo de vergüenza”, confiesa Beatriz.

Ahora la niña la tiene en casa y la utiliza, por ejemplo, para montar en bicicleta o en patinete y, como ella misma dice, “para coger cosas” gracias a su efecto pinza. No obstante, esta no es la mano definitiva. Desde el colegio pretenden construir otra más ligera y que le permita hacer más movimientos. Además, esta vez sí será de color azul, el preferido de la niña.

El Colegio Europeo de Madrid ha conseguido, una vez más, crear un proyecto único en el que todos los alumnos, de cualquiera de las etapas educativas, han podido participar reforzando, al mismo tiempo, valores como el compañerismo, el respeto y la solidaridad.

 

 

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Aplicación: Discapacidad