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Copias impresas en 3D en la exposición de obras artísticas falsificadas

Redacción
Martes, 21 Febrero 2017
Categoría: Impresoras 3D

El escultor asturiano Juan Villa ha realizado por encargo de los organizadores y mediante impresión 3D y otras técnicas de reproducción copias de bustos como el de Nefertiti y el de la Dama de Elche, el mosaico de John Lennon y la Estela de Hammurabi para la exposición 'Falsos artísticos', que reúne en Valladolid (España9 pinturas y esculturas incautadas por la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional.

Juan Villa creó en el año 1998 la empresa Prometeo Escultura, donde se dedica a fabricar elementos de atrezzo para televisión, teatro, cine; ficticios, props, réplicas de fósiles y piezas arqueológicas, figuras para museos y exposiciones, moldes y un sinfín de posibilidades con materiales muy diversos conjugando a la vez procesos artesanales con impresiones 3D o fresados automatizados, lo que le permite realizar cualquier encargo a medida.

Especialmente fructífera es su colaboración televisiva con el programa Cuarto Milenio, donde semanalmente trabaja en todo el atrezzo inimaginable que se le pide, tales como  reproducciones de piezas de arqueología, antropología, temas científicos, momias, cadáveres, animales y criaturas increíbles!. Todo necesita una puesta en escena con elementos recreados y esculturas que desde su taller desarrolla contrarreloj.

La exposición ‘Falsos Artísticos’ da a conocer el trabajo de la Policía Nacional en la protección del patrimonio histórico, artístico y cultural, a través de obras de artes intervenidas en distintas operaciones en contra de las falsificaciones.

La exposición inició su andadura en la Escuela Nacional de Arte y Restauración, de Nájera (La Rioja), para pasar después al Centro de Estudios Históricos de la Policía Nacional ‘Rafael del Río’, en Palencia, y ahora se encuentra instalada en Sala de Exposiciones del Archivo General de Castilla y León (Palacio del Licenciado Butrón. Plaza de Santa Brígida, s/n.), en la capital vallisoletana.

Como hilo conductor de la exposición se ha reunido una gran variedad de obras pictóricas y escultóricas falsificadas intervenidas en distintas operaciones policiales y que tienen como denominador común su gran calidad artística acompañada de una espléndida factura. Todas ellas provienen del depósito de la Brigada de Patrimonio Histórico (Madrid) y del Museo de la Escuela Nacional de Policía (Ávila).

Como colofón se exponen igualmente una serie de obras del reconocido escultor Juan Villa, que, con sus reproducciones artísticas, pone el contrapunto "legal".

Encuadrada dentro de la Comisaría General de Policía Judicial, la Brigada de Patrimonio Histórico es una unidad altamente especializada, se encarga de investigar todas las agresiones contra el Patrimonio que se lleven a cabo en territorio nacional, siendo las modalidades delictivas más frecuentes los robos, los hurtos, las falsificaciones, estafas, excavaciones arqueológicas clandestinas y las exportaciones ilegales.

Esta unidad se encarga igualmente de la coordinación policial en las actuaciones necesarias, la unificación de criterios para la correcta descripción de los efectos sustraídos, la confección de archivos con toda la documentación e información de que se disponga sobre un tema y la colaboración internacional.

Para llevar a cabo su función, la Brigada de Patrimonio Histórico cuenta con una base de datos denominada “DULCINEA”, donde se consignan los bienes culturales robados, y en la que el fichero fotográfico constituye una parte fundamental.

El falso artístico, definido como imitación o copia que se quiere hacer pasar por auténtica, contiene en sí mismo la idea de engaño. La introducción del falso en el circuito del arte supone una agresión al valor del original y un riesgo para los agentes que participan en el mismo, en especial para los propietarios, intermediarios y posibles compradores. Amenaza además con contaminar la propiedad colectiva y la herencia común depositada en los objetos culturales.

Este fenómeno no es nuevo, pero se ha ido acentuando con el tiempo hasta alcanzar hoy unas dimensiones extraordinarias.

Actualmente la legislación española no contempla la falsificación artística como un delito tipificado. Sólo puede ser perseguida como delito de estafa y/o de apropiación intelectual, siempre y cuando este derecho esté aún vigente, siendo castigados con penas relativamente leves.

Desde los años ochenta del siglo pasado, la revalorización de las pinturas españolas del siglo XIX ha hecho aumentar las falsificaciones de maestros como Pinazo, Rusiñol, Sorolla, Cecilio Pla, José Mongrell o Muñoz Degrain. La incorporación al circuito comercial de obras que en principio no estaban destinadas a su venta, como dibujos, bocetos o cuadros de pequeño formato, ha dado pie a producir este tipo de obras fraudulentas, como el boceto de Pinazo o el dibujo en sanguina y el pequeño cuadrito de los niños en la playa de Sorolla, todos firmados.

El relieve de Benlliure es uno de los escasos ejemplos de falsificación en escultura, de un artista estimado en el mercado del arte. En este caso se reproduce una de sus representaciones de niños caracterizados por su delicadeza y expresividad. Pudiera tratarse de un falso modelo para la fuente de los niños de la Fundación del Canal de Isabel II en Madrid.

La copia falsificada de pintura antigua entraña una mayor dificultad técnica y material. El engaño más común se realiza a través de la atribución a un maestro cotizado de una obra anónima de época, como el San Francisco que trató de venderse por un anticuario alicantino con un certificado falso que lo vinculaba a El Greco.

En otras ocasiones se simula la antigüedad de la materia mediante procesos de envejecimiento sobre los que se recrea el estilo de otros originales. Son buen ejemplo de ello el retrato familiar holandés, el Calvario y la pintura de flores que aquí se exponen falsificadas en un taller de Barcelona.

La utilización de materiales antiguos sobre los que se realiza la falsificación, como el papel de época empleado en el dibujo del San Sebastián, es otra variante más sofisticada del engaño. Las marcas y recortes de sus esquinas son las artimañas que nos inducirían a pensar que esta obra estuvo colgada en el taller de un pintor sirviendo como modelo. Fue intervenido en Valencia en febrero de 2015.


 

La alta valoración del arte contemporáneo en el mercado artístico ha hecho que los falsificadores se especialicen en realizar estos productos. Buen ejemplo de ello son los cuadros de Léger y Giacometti, únicos artistas extranjeros presentes en esta exposición. El resto de los autores son españoles nacidos en los albores del siglo XX, que representan diversos movimientos artísticos.

En alguna de estas obras hay elementos que afianzan el engaño. Así al grabado de Picasso se le añadió una mala copia del matasellos de correos diseñado con motivo de la exposición celebrada en Málaga en 1981 y, a los dibujos de Miró y Manolo Valdés se les agregaron dedicatorias, además de firmas falsificadas.

El estilo reconocible de Benjamín Palencia, Antonio Tapies o Antonio Saura ha sido objeto de abundantes falsificaciones. El imaginario crítico del Equipo Crónica también atrajo la codicia de los falsificadores. En este caso, las variaciones del pop art facilitaron la inclusión fraudulenta de obras que por su temática y por su aspecto parecen pertenecer a las archiconocidas series de los creadores valencianos, como la llamativa escultura de la menina o los guantes de boxeo.
Las pinturas de la Vanguardia Rusa destacan por su ejecución sofisticada; se pintaron sobre telas envejecidas, cosidas a bastidores tramados según las técnicas de la época, y en algunos casos presentan remiendos de supuestas restauraciones.

Con mayor o menor acierto, se intentó recrear la pureza geométrica de Malevich, la composición cubista de Popova o Rozanova,y la abstracción cromática del verdadero Kandinsky. Incluso la pátina que las recubre enfatiza el envejecimiento de los materiales utilizados.

Estos ardides dificultaron la tarea de los expertos para diferenciarlos de los originales.

Todas las falsificaciones arqueológicas que se muestran en la exposición proceden de la “operación Chavín” ejecutada en el año 2008 por la Policía Nacional española, en colaboración con los servicios de INTERPOL en Ecuador, Perú y Colombia. Forman parte de los 700 objetos intervenidos en La Rioja a un matrimonio no relacionado con el mundo del arte que pretendía venderlos, mezclados con obras originales, a coleccionistas y museos. Como se puede apreciar se trata de un conjunto muy heterogéneo de piezas de altísima calidad fabricadas en diversos tipos de piedra, madera, metal, cerámica y textil.

Simulaban proceder de diferentes culturas precolombinas, como la civilización Chavín de Huántar (1500-200 a.C.) en Perú, que dio el nombre a la operación policial, aunque también reproducen con gran acierto en los detalles, elementos de las civilizaciones Bahía, Chancay, Recuay, Malagana, Moche, Chorrera, Nazca, Paraca o Inca.
La verosimilitud que muestran estas obras, dada su calidad técnica y la imitación de motivos, técnicas e iconografías, dificultó en gran manera a los expertos que las estudiaron la discriminación entre originales y falsos.

 

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