"Futoros": toritos impresos en 3D para clonar ganado bravo cuando desaparezcan las corridas

Redacción
Martes, 14 Febrero 2017

La  sala de arte madrileña  ‘Art Room’, sita en calle Santa María 15, ha acogido la inauguración de la exposición ‘Piel de Toro, año 2100’, de la artista natal de Guadalajara  Laura Domínguez, una muestra retrospectiva que trata del devenir de la tauromaquia que permanecerá abierta hasta el 7 de marzo.

En el texto introductorio a la exposición puede leerse lo siguiente:

"IMPORTANTE: venid preparados para un viaje al futuro en el que los coches irán sin conductor, las casas serán autolimpiables, viviremos rodeados de sensores, se curará el cáncer, la esperanza de vida será de más de 100 años y NO HABRÁ TOROS EN ESPAÑA..

Reflexionaremos sobre PÉRDIDA e IDENTIDAD, conceptos aplicados a estas piezas:

- CAPOTES-RELIQUIA

- FUTOROS

¿Habremos perdido una forma intensa, real y pausada de entender la vida?

Hace ya muchos años que no se celebran corridas de toros, hace ya mucho que no quedan de esos seres astados en las dehesas, que como los euros, desaparecieron, salvo los que clonados y controlados deambulan en los zoológicos, ahora además, reconvertidos en espacios reservados a los biólogos y que, para bien de las especies, presentan al público espectáculos con simulaciones virtuales con hologramas de los animales. Por fin la muerte no existe. Aunque sí murió Caperucita Roja que parecía inmortal y ya nadie come carne de cerdo.

En el año 2100 lo único que queda de la empecinada barbarie que supone morir o matar, son las escasas reliquias de capotes descoloridos y pequeñas figuritas de pasta sintética que contienen ADN de toro y que los turistas compran en masa como si les fuera potestad velar por la especie. Qué cerca estamos ya de un mundo feliz.
Ciertamente no hace falta esperar tanto tiempo, para que podamos comprar nuestra reliquia, pues la intrigante Laura Domínguez, tan avispada y talentosa, especialista en adelantarse y buscar siempre detrás del burladero, como cuando creó el “paso de cebra” portátil, o el “pixel protector”, ha cogido el toro por los cuernos y ha puesto en evidencia cómo es un mundo sin morlacos y trajes de luces.

Quedan restos, para unos jubilosos para otros nostálgicos, pero hasta el rabo es todo toro, y su ADN todavía es bravo cuando hace estropear los inyectores de la impresora".

Piel de Toro, año 2100’ “es una reflexión sobre la tauromaquia y el toro bravo, porque hablar de toros en tiempo pasado evita la vehemencia del debate actual ‘toros sí/toros no’ y posibilita el diálogo sosegado. Queremos hablar de qué era la tauromaquia en tiempo pasado porque en nuestro presente, en el año 2100, ya no hay toros”, señala Laura Domínguez, quien se traslada al año 2100 para hablar del pasado como si de una historiadora se tratase: “Había una cultura cuya identidad estaba muy impregnada de la tauromaquia. ¿Cómo le explico a un australiano que me pongo el mundo por montera? ¿Al perderse la tauromaquia que inspiró esta frase pierdo identidad?”, plantea Laura, quien explica que “esa expresión  forma parte de la manera de ser de un país que difícilmente se le puede explicar a un inglés o a un chino”.

Según Nueva Alcarria, de esta manera, una parte de la exposición, que permanecerá abierta hasta el 7 de marzo, en horario de tarde, son los capotes-reliquia, es decir, 100 capotes utilizados por los matadores de toros, convertidos en lienzos, en expresión lingüística que muestran cien frases del castellano cuyo origen es la tauromaquia “con los que queremos expresar cómo el lenguaje castellano está impregnado de esas frases hechas”. Figuran expresiones como rematar la faena, nos pilla el toro, atarse los machos, música maestro o salir por la puerta grande, citas que en 2100 formarían parte del pasado “y que tendrán un sentido cultural desconocido por las nuevas generaciones”, subraya Laura.

La otra parte es la puesta en escena de ‘Futoros’, a la que se le ha dedicado un vídeo grabado con el profesor de la Escuela, Pedro Alonso, y en el que han colaborado el ganadero Victorino Martín o el escritor e intelectual Fernando Sánchez Dragó.

En este vídeo de poco más de 72 segundos, Laura Domínguez se traslada a un siglo que viene sin toros bravos, también en el año 2100, en el que se habrán extinguido los toros de lidia “porque para que existan y la casta se mantenga hace falta mucho dinero. Si el ganadero, en el año 2100, no tiene negocio con el toro bravo, no tiene sentido que lo críe, como tampoco existen ya los dinosaurios”, matiza.

De esta manera, decide crear los ‘Futoros’, pequeños toritos, fabricados en impresoras 3D que permitirán la futura clonación de esos animales míticos pues su originalidad es el hecho de que en su interior contienen sangre de toro con su ADN, pero no de cualquier toro, sino de toro de la ganadería de Victorino Martín. La ingeniería genética habrá avanzado lo suficiente. Así, en el futuro, cuando el toro bravo se haya extinguido, en 2100, los ‘Futoros’ serán la salvación de la especie.

El proyecto de la guadalajareña Laura Domínguez investiga la pérdida de la tauromaquia y del toro bravo, la pérdida de la esencia popular, del lenguaje, del arte y de una parte de la cultura española, en un debate que, en la actualidad, en 2017, sigue candente y que continúa generando polémica entre los pro y los antitaurinos.

 “La reflexión del futuro está reñida con la agresividad y el nerviosismo actual. Cuando se entra en la sala de la exposición está prohibido hablar del debate ‘toros sí/toros no’ porque eso significa que el visitante no se ha metido en el papel. El espectador debe saber que irá a ver qué era la tauromaquia en tiempo pasado”, apunta Laura.

“Queremos llevar al visitante al territorio de la pérdida, tanto del origen del lenguaje, de una forma profunda de entender la vida y de la identidad, y despertar el debate una vez que salga de la exposición y regrese al año 2017. ¿Tendrá sentimiento de pena o de alegría?”, se pregunta Laura, quien añade que “generalmente lo que perdemos lo echamos de menos y lo apreciamos más que cuando lo teníamos. Si el espectador sale con ese sentimiento, debería pensar si le merece la pena defender la tauromaquia y pasar a la acción para preservarla, pero si nuestro visitante se alegra de haberlo perdido, no debería hacer nada más porque es el camino por el que va”.

Entre las muchas personas que han colaborado con Laura Domínguez en este proyecto, la artista alcarreña quiere agradecer la implicación de Fernando Sánchez Dragó y de Victorino Martín, “que creen firmemente que la tauromaquia no acabará nunca”.

Ahora, son 83 años antes. Y al visitante de la exposición, cuando salga de la misma, reflexionará sobre la incógnita: ¿Habrá o no habrá toros de lidia en 2100?

 

Etiquetado como: Futoros, toros, corridas
Aplicación: Arte y cultura
País: España