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La impresión 3D empieza a preocupar al sector petrolífero

Redacción
Jueves, 16 Febrero 2017

La empresa British Petroleum (BP) ha incluido la impresión 3D, el vehículo eléctrico y las energías renovables entre los factores que podrían afectar a la demanda mundial de petróleo y, por tanto, a su propio negocio, según su último informe de perspectivas, del que se hace eco Expansión.

La impresión en 3D podría acabar con algunas de las complejas cadenas de suministro globales, que en las últimas décadas han sido una importante fuente de crecimiento para la industria del crudo.

El transporte de mercancías representa más de un 20% del consumo total de crudo, en parte por los envíos marítimos intercontinentales. Parte de estos envíos desaparecerían si la impresión en 3D redujera la fabricación en masa, aumentando la producción local en los mercados en los que se venden los productos.

Productos tan dispares como implantes médicos y piezas de motores de aviones ya usan la impresión en 3D, que permite la fabricación de objetos físicos basada en modelos digitales en tres dimensiones. Además, se espera que la tecnología se amplíe a otras muchas áreas.

Según las previsiones de la consultora Gartner, las ventas de impresoras 3D aumentarán de los 445.000 unidades del año pasado a los 6,7 millones en 2020.

La consultora describió la "rápida transformación de la impresión en 3D en una tecnología utilizada cada vez utilizada con más frecuencia para crear prototipos y aumentar los procesos de fabricación".

Cualquier impacto significativo en las empresas de crudo será a largo plazo. En su último informe de perspectivas presentado la semana pasada, BP pronosticó que la demanda de crudo a nivel global seguiría creciendo hasta la década de 2040, un aumento propiciado por el transporte de mercancías, sobre todo en Asia. No obstante, Spencer Dale, responsable de Economía de BP, asegura que la imprensión en 3D será uno de los factores que su equipo deberá tener en cuenta en las previsiones a largo plazo, junto con factores como el auge del vehículo eléctrico y otras formas de energías renovables.

Las empresas de petróleo están siendo presionadas por algunos inversores para que manifiesten abiertamente los riesgos que representan para su negocio el declive de los combustibles fósiles y encuentren una respuesta a esta nueva realidad.

Dale, ex responsable de estabilidad financiera del Banco de Inglaterra, fue reclutado por BP en 2014 para ayudar a la compañía a adaptarse a los cambios de la economía y del sector energético.

El economista siempre se ha mostrado dispuesto a plantear temas espinosos. La semana pasada, aseguró que hay mucho más petróleo por explotar del que el mundo necesitará hasta que la demanda entre en un estado de decadencia irreversible.

Además del auge de los vehículos eléctricos, Dale asegura que las formas más eficientes de uso de los vehículos, como compartir coche y el vehículo autónomo, también frenarán el consumo de petróleo.

No obstante, el ejecutivo argumentó que ese descenso de la demanda se verá compensado por el crecimiento de los vehículos convencionales en Asia.

Kingsmill Bond, analista del sector energético de la consultora Trusted Sources, cree que las previsiones de Dale no llegan a captar la magnitud del cambio al que se enfrenta la industria energética. Bond está convencido de que China liderará el cambio hacia las tecnologías limpias, lo que provocará una caída de la demanda del crudo en la década de 2020. "Las compañías del sector petrolero no quieren percatarse de lo que está ocurriendo", concluyó.

En este sentido, Shane Well, responsable de Tecnología de HP, declaró a Innovadores que «el sistema que hemos conocido en los últimos 150 años era demasiado simple y ha empezado a morir».

Hasta ahora, las grandes compañías se han deslocalizado para producir al coste más bajo posible sus bienes y después subirlos en barcos para distribuirlos a lo largo de todo el planeta. «Ahora el diseño de los productos se hará en cualquier parte del mundo porque el producto como tal se moverá en un formato digital hacia cualquier lugar, tan sólo habrá que imprimirlo con un sistema de impresión 3D». Camisetas, ordenadores, floreros, hasta impresoras. Da igual. Todo podrá hacerse con fabricación aditiva. De hecho, una buena parte de las piezas de su impresora 3D, han sido impresas por la propia máquina en plástico para reducir así drásticamente el coste de las piezas originales.

El hecho de que los productos se obtengan de una misma máquina con un coste fijo supone que los bienes del futuro se imprimirán en un lugar próximo al de la venta para garantizar así que lleguen en el menor tiempo posible y ahorrar en transporte. Esto provocará que polos de producción como «China, Malao o Vietnam dejen de tener el sentido que tienen hoy en día» porque el coste de una pieza de motor será el mismo, se imprima en Nueva York o en Shanghai. Se pagará la impresora y la materia prima que se quiera utilizar, que costará lo mismo en todas partes, y el coste de la mano de obra pasará a un segundo plano.

«Pero el cambio va más allá del plano social y económico, también es político», explica Wall. Ya no se podrá poner aranceles a la importación o exportación de productos, porque los diseños viajarán como ficheros digitales y no como entes físicos, de modo que habrá que buscar nuevas vías para fijar impuestos y también para garantizar la originalidad de los productos. «Si puedo imprimir algo en cualquier parte del mundo, tengo que ser capaz entonces de identificar cada pieza que hago para garantizar que es mía». Este aspecto cobra especial relevancia en el sector médico, por ejemplo. Y la impresión 3D también ofrece la posibilidad de marcar cada una de las piezas que se imprima, sea cual sea el tamaño, mediante codificaciones visibles e invisibles.

«La expansión a todas las factorías de este nuevo concepto de industria pasará de una forma continua e invisible, pero imparable», asegura Wall. El cambio se dejará ver según el responsable tecnológico «en dos o tres años» en las grandes compañías, aunque en las pequeñas tardará más.

Pero, ¿qué papel ocuparán las personas en este cambio de paradigma dominado por las máquinas? «Yo creo que todavía no hemos definido claramente qué rol deben jugar las máquinas y qué rol deben jugar los trabajadores, es una tarea pendiente», advierte Wall. No obstante, huye del apocalipsis que algunos vaticinan para el empleo y asegura tajante que las máquinas no sustituirán a las personas: «Las máquinas harán tareas específicas y nos ayudarán a ser más productivos, a mejorar nuestras habilidades, a cambiar y a ser mejores, pero serán un complemento, no un sustituto».

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Categoría: Impresoras 3D
Sección: Resto del mundo
Aplicación: Tecnología