Piqué y Shakira promocionaron la comida impresa en 3D en su restaurante de Barcelona

Redacción
Miércoles, 14 Diciembre 2016

El restaurante Yours de Barcelona (España) que organizó de la mano de la empresa Food Ink entre el 8 y el 10 de diciembre de 2016 un servicio de comidas impresas en 3D es propiedad de la pareja compuesta por el futbolista del F.C. Barcelona Gerard Piqué y la cantante colombiana Shakira.

El defensa azulgrana, siempre atento a las novedades tecnológicas y que también es propietario de una empresa de videojuegos, habría sido el que puso especial empeño en llevar hasta la Ciudad Condal un menú impreso en tres dimensiones.

Además, contó con la presencia en una de las veladas culinarias de su antiguo capitán en el Barça, Carles Puyol, y de su pareja, Vanesa Lorenzo.

El menú estaba compuesto por nueve platos, que se pudieron degutar al precio de 180 euros.

La mayoría consistía en composiciones comestibles dibujadas con precisión de píxel, como un postre en honor al videojuego Pacman donde el laberinto tiene sabor a Nocilla.

Según explicó el chef Joan Castanyé, del restaurante La Boscana y encargado de desarrollar la propuesta gastronómica junto con Mateu Blanch, una manga pastelera rellena de crema de leche, cacao, avellanas y azúcar hubiese servido para el mismo propósito “pero no siempre sale igual, mientras que con la impresora 3D sí y puedes variar el diseño según tu voluntad”.

Otros alardes geométricos en la carta de Food Ink fueron La flor de la vida, adornada con una caléndula en el medio, y una Ensalada de langostino, donde la ensalada primero se convierte en una pasta que la impresora reproduce sobre el plato con la forma del crustáceo.

Uno de los primeros en interesarse por la impresión de comida en 3D fue la NASA. En 2013 pagó una beca de 100.000 euros a un ingeniero de la empresa Systems and Materials Research Corporation (SMRC) para que desarrollase en seis meses una impresora capaz de reproducir alimentos. De esta manera pretendía solucionar un doble problema: que los astronautas viajasen ligeros de equipaje y que alimentos nutricionalmente adecuados tardasen lo máximo posible en caducar. Se consiguió doblar lo exigido, de 15 a 30 años.

En honor a los astronautas el menú del Food Ink arrancó con un aperitivo que recrea “lo que se come en las estaciones espaciales”, según los organizadores de la experiencia: una bolsita de fécula de patata que contiene helado y Peta Zeta y que se recomienda disfrutar con unas gafas de realidad virtual puestas que proyectan animaciones galácticas. A partir de ese primer momento las gafas ya son prescindibles y platos como las bravas Piqué –con forma de balón de fútbol– o nachos con whakamole van sucediéndose sobre una mesa engalanada con probetas y tubos de ensayo a modo de vasos.

Uno de los principales inconvenientes que a día de hoy afronta la impresión de comida es la monotomía de las texturas. Para que la máquina reproduzca los alimentos, los ingredientes deben transformarse en una pasta, que luego se coloca en un recipiente con forma de jeringa llamado extrusor conectado a la impresora como un cartucho de tinta convencional.

En su procesado se utilizan, eso sí, “productos 100% orgánicos, sin adulterantes ni conservantes”, destacó a El País Marcio Barradas, de Food Ink. Pero por ahora es imposible reproducir alimentos sólidos de cierto tamaño. Por ejemplo, el solomillo del menú degustación se había hecho de forma tradicional, aunque no así el puré de maíz que lo acompañaba. Una de las críticas más habituales es por qué alguien que está dispuesto a pagar los 180 euros de esta experiencia gourmet debería conformarse con comer purés o cremas con cubiertos de plástico.

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Aplicación: Gastronomía
País: España