Peachy Printer, el caso más absurdo de posible fraude o mala gestión en impresoras 3D por crowdfunding

Redacción
Miércoles, 11 Mayo 2016
Peachy Printer, el caso más absurdo de posible fraude o mala gestión en impresoras 3D por crowdfunding

Otra campaña de crowdfunding relacionada con la impresión 3D se hace noticia y no precisamente por su éxito. La campaña de la 'Peachy Printer', una impresora 3D por 100 dólares, ha servido, presuntamente, sólo para que uno de sus creadores se construyera una casa.

La historia es del todo rocambolesca y está llena de interrogantes y situaciones, cuanto menos, absurdas. Vamos a tratar de desenrredar el asunto en la medida que podamos.

El proyecto lo lideran básicamente dos canadienses, Rylan, residente en Yorkton, Saskatchewan, sin profesión conocida, que se auto-define como inventor y David, mecánico de maquinaria pesada en una empresa de Fort McMurray, Alberta (donde recientemente se ha desatado uno de los peores incendios en la historia de Canadá).

El invento que proponen es una pequeña impresora 3D de resina, tipo estereolitografía, de bajo coste -100 dólares- y con resinas también de bajo coste de la marca MakerJuice. El funcionamiento global de la impresora 3D es bastante ingenioso, a la par que levanta muchas dudas sobre si realmente funcionará bien, aunque los dos amigos enseñan en el lanzamiento de la campaña de crowdfunding pruebas de impresión 3D aparentemente de una calidad aceptable realizadas con un prototipo que aún tienen que seguir desarrollando un poco más.

Al terminar la campaña consiguen la nada desdeñable cifra de 651.091 dólares, muy por encima de los 50.000 que se marcaron como meta para llevar adelante el proyecto. Hay que tener en cuenta que la campaña se lanzó en septiembre de 2013, en pleno 'boom' de las impresoras 3D para uso personal y se cerró un mes más tarde, es decir que han pasado ya dos años y medio desde entonces.

Después de los esperados retrasos en las entregas de las primeras unidades destinados a los 'beta tester', continúan los desarrollos -también conocidos como resolución de problemas- hasta que en mayo de 2015 anuncian que ya tienen lista la primera versión, aunque los problemas y los retrasos siguen hasta marzo de 2016, donde todavía siguen pendientes de resolver más y más problemas. Por cierto, las primeras entregas estaban previstas para julio de 2014.

La campaña, a pesar de los casi dos años de retraso, se torna completamente rocambolesca cuando publican una actualización el 11 de mayo de 2016 titulada "Big Bad News" (muy malas noticias). Imaginemos las caras de los pacientes 'inversores' de esta campaña con sólo leer el título.

Rylan escribe un relato de los hechos que roza lo absurdo en muchas ocasiones, acompañado de un vídeo al más puro estilo de periodismo de investigación que la mismísima Gloria Serra podría firmar. En el vídeo, Rylan 'entrevista' a David que confiesa que ha gastado 250.000 dólares recaudados en la campaña para construirse su casa, que nadie sabía que lo había hecho y pide perdón, todo acompañado de una música , unas infografías y unos primeros planos de Rylan con fondo negro cual estrella del cine o la televisión. Una producción audiovisual más cuidada y trabajada que la propia campaña de la Peachy Printer.

Peachy Printer, el caso más absurdo de posible fraude o mala gestión en impresoras 3D por crowdfunding

En otro vídeo, Rylan invita a tres inversores que viven cerca para contárselo en persona y en primicia, todo con el mismo estilo de vídeo, que lejos de darle más realismo al asunto, hace justo lo contrario.

Además, Rylan ofrece los datos del sargento de policía que lleva 'el caso', el departamento de policía local, el ministerio de justicia del estado de Saskatchewan y otros más, invitando a todos los que apoyaron esta campaña a que tomen las medidas que crean oportunas.

La situación actual segúb Rylan es que no hay dinero, a pesar de que David habría devuelto ya 111.000 dólares y que de momento no se continuará con el proyecto. A pesar de achacar el cierre a la situación económica, finalmente dedica unas breves líneas a indicar que también tienen problemas para certificar el láser que usan.

Las reacciones de los sufridos inversores son de lo más variopinta, desde los que creen que esto es un timo y un fraude premeditado, hasta los que opinan que 100 dólares no es tanto y no les importa perderlos, pasando por los que están dispuestos a colaborar de alguna manera.

La campaña recuerda a otros fallidos proyectos de impresión 3D por crowdfunding como la Buccaneer de Pirate 3D o el bolígrafo 3D LIX. En este caso, cada cual puede sacar sus propias conclusiones mientras el tiempo nos dirá en qué queda esto.

Aplicación: Ocio, Tecnología