La impresión 3D propicia la aparición del escultor digital

Redacción
Domingo, 27 Septiembre 2015
La impresión 3D propicia la aparición del escultor digital

El escultor Víctor Marín, natural de Marbella (Málaga, España), es uno de los escasos artistas españoles que puede ser calificado como uno de los pocos escultores digitales existentes en España, ya que ha sustituido las herramientas tradicionales de este tipo de artistas, como gubias, martillos y cuchillos de talla por el lápiz electrónico, la tableta, la pantalla y, al final del proceso, la impresora 3D.

Según ha declarado el artista malagueño a la prensa local, el 3D está entrando de lleno en «el mundo de la escultura, del cine de animación, en la medicina, en la arquitectura, en la ingeniería de todo tipo y no digamos en la decoración. Incluso en la creación de objetos únicos y personales».

Víctor asegura que «en muy poco tiempo esta novedosa forma de esculpir objetos será el futuro, algo normalizado en nuestras vidas». Víctor esculpe en su ordenador en tres dimensiones una pieza de cualquier índole para después imprimirla en una impresora 3D –también conocida como prototipadora– sustituyendo la tinta que todos conocemos por «infinidad de materiales. Desde resina, caucho, bronce, oro en joyería o incluso comida llegando a crear verdaderas obras de arte culinarias», relata.

Víctor confía en que esta técnica vaya calando entre los más puristas del mundo del arte y del cine. «Algunos creen que esta técnica le quita alma al trabajo. Yo creo que el equilibro perfecto está en la mezcla de todo. Hay que aprovechar lo bueno de las técnicas tradicionales y las nuevas», opina y añade que la fusión es la clave: «El punto está en creer que uno no es mejor que el otro. A fin de cuentas es una herramienta» que el artista que hay detrás logra hacer una pieza que conmueva.

Entre sus últimas creaciones se encuentra el encargo de la empresa Getorix del batallón 54 de Massachusetts en miniatura, el primero de afroamericanos liberados de Estados Unidos, «en el que tuve cierta libertad, sobre todo en el aspecto facial, pero cada mínimo detalle debía ser creado con una absoluta fidelidad histórica, hasta el ínfimo botón. Absolutamente milimétrico», explica. Ahora, estos primeros soldados de raza negra del ejército americano que hicieron historia se venden en resina a escala 1/10, sin pintar, para coleccionistas de todo el mundo.

También ha creado por encargo para una empresa de animación sevillana Pizzel 3D «uno de los malos. Un robot biomecánico para una producción que aún está a medio camino y de la cual no puedo decir más».

Este artista marbellí está sumergido en otro proyecto cinematográfico. En este caso es una escultura para un corto que prepara el canario Carlos Baena, «uno de los más reputados animadores de Pixar o Disney». Un trabajo sujeto a un contrato de confidencialidad.

La impresión 3D propicia la aparición del escultor digital

Marín señala que con este nuevo arte se tiene oportunidad de crear piezas descatalogadas para cualquier maquinaria. «La imaginación del diseñador no tiene límites. El 3D digital presenta infinitas posibilidades».

La calidad del objeto es una suma del diseño, la capacidad de reproducción de la impresora 3D y «los acabados finales. Una vez el objeto ha salido de la impresora, se hace un trabajo manual para perfeccionar la obra y que sea espectacular a la vista y al tacto», puntualiza Víctor Marín.

El escultor 3D marbellí tiene programadas exposiciones en la capital mundial del diseño, Milán, Los Ángeles, Madrid y su ciudad natal, Marbella.

Aplicación: Arte y cultura