La impresión 3D plantea la cuestión de la patente de órganos humanos

Redacción
Sábado, 21 Junio 2014

El desarrollo tecnológico innovador de la impresión 3D para la creación de tejidos  y órganos funcionales plantea la cuestión de fondo de si los elementos creados con este tipo de tecnología y trasplantables al ser humano pueden ser patentados, como bien expone Sarah Takushi. Mientras que en el pasado las decisiones judiciales adoptadas en Estados Unidos  han abordado la patentabilidad de la biotecnología con respecto a organismos modificados genéticamente, el campo de la organización y la inducción de células humanas de origen natural para formar órganos utilizando la impresión 3D es una nueva frontera que es necesario abordar.

En la actualidad, Estados Unidos se enfrenta a un enorme desequilibrio entre la oferta y la demanda de órganos. A fecha 26 de mayo de 2014, 122.880 personas estaban en lista de espera para un trasplante de órgano en todo el país. La estadística pone de manifiesto que como la demanda de órganos trasplantables es muy superior a las donaciones, cada día mueren 18 personas por falta de un órgano que les salve la vida. Los más demandados son  riñones, corazón, hígado y pulmones.

En un esfuerzo para hacer frente a la escasez mundial de órganos humanos de recambio, los investigadores han adaptado la tecnología de impresión 3D en lo que ahora llaman  bioimpresión 3D. La bioimpresión tiene muchas aplicaciones potenciales, una de los cuales incluye la creación de órganos humanos tridimensionales.

bioimpresión 3D

 

Mientras que la impresión 3D normal implica que se depositan capas de plástico para imprimir objetos, la bioimpresión sustituye el plástico por mezclas de  células madre embrionarias o adultas, en lo que se conoce como "bio-tinta". Diferentes equipos de investigación ya han sido capaces de imprimir células de la piel para tratar heridas por quemaduras, amén de células de las orejas, los vasos sanguíneos y los huesos. Los expertos especulan que es sólo una cuestión de tiempo antes de que seamos capaces de imprimir hasta los órganos más complejos como los riñones.

El advenimiento de los órganos impresos 3D plantea una nueva e importante cuestión del derecho de patentes: ¿quién posee realmente estos órganos? Sin duda, una persona que recibe un órgano impreso en 3D, al que posteriormente podrá referirse como "suyo", pero en cuanto a la patentabilidad, ¿son órganos impresos en 3D con sujeción a la ley de propiedad intelectual?

Un elemento clave para abordar este asunto es el caso de Diamond contra Chakrabarty, que llegó a la Corte Suprema de Estados Unidos en el año 1972. En este caso, Ananda Chakrabarty, un inmunólogo de la Universidad de Illinois (Facultad de Medicina de Chicago),  tramitó una patente para una cepa de bacterias modificadas genéticamente con el fin de fragmentar el petróleo crudo de las mareas negras tras los accidentes de los petroleros.

Patente órganos impresión 3D

El caso se inició tras una denegación de rutina por la Oficina de Patentes y Marcas de EE UU. Posteriormente, recorrió todo el camino judicial hasta llegar a la Corte Suprema. La decisión final de ésta sentó las reglas básicas para la patentabilidad de muchos avances biotecnológicos, incluidos los organismos modificados genéticamente. El presidente del Tribunal Supremo, Warren Burger, afirmó que "un microorganismo vivo hecho por el hombre es materia patentable" porque las bacterias de Chakrabarty eran "obra no de la naturaleza, sino la suya propia."

Los órganos impresos en 3D no necesariamente han sido modificados genéticamente, pero el pensamiento actual dice que pueden ser patentados. Aunque las células y otros materiales utilizados para imprimir los órganos 3D son de origen natural, la tecnología utilizada para el proceso de impresión y el andamiaje para el órgano son todos fruto de nuevas invenciones.

Sin embargo, otro aspecto de la cuestión es que en algún caso las células madre tienen en la naturaleza el poder de diferenciarse en distintos tipos de células y tejidos. Por lo tanto, lo que facilita el proceso de diferenciación puede considerarse como una extensión de un proceso "natural", haciendo así esta tecnología no-patentable.

Por otra parte, un factor clave para ver si hay que calificar a los órganos impresos en 3D como patentables es su disimilitud de los órganos de origen natural. Si los órganos impresos en 3D deben ser desarrollados para parecerse lo más posible a los órganos humanos cultivados de forma natural, esta similitud también podría descalificar a los órganos impresos en 3D como patentables. Hasta ahora esto no es un problema. Por ejemplo, los órganos impresos en 3D  todavía no se pueden replicar al modo de los naturales. Sin embargo, como el campo de la medicina regenerativa continúa avanzando para dar el salto a una tecnología futurista, es posible que las líneas entre los órganos  patentables y los  naturales sea cada vez más borrosa.

Aplicación: Medicina