Inminente lanzamiento de Foodini, la impresora 3D de comida

Redacción
Lunes, 24 Marzo 2014

La empresa, Natural Machines, radicada en Barcelona (España)  va a lanzar  de forma inminente al mercado la primera impresora 3D de comida, un novedoso dispositivo que empezará a fabricar en breve en China y del que ya ha recibido 400 pedidos, principalmente de Estados Unidos y de los países del norte de Europa.

Foodini, como se llama la máquina, permite preparar comida utilizando la tecnología de impresión en tres dimensiones, haciendo posible dar cualquier forma a los alimentos que se "imprimen", tanto dulces como salados, como hamburguesas, panes, chocolate o pasta.

Los fundadores de Natural Machines son Àlex Moreu, Rosa Avellaneda, Lynette Kucsma y Emilio Sepúlveda, que llevan trabajando un año y medio en el desarrollo de esta tecnología, en la que hasta ahora han invertido unos 400.000 euros.

Tras meses de pruebas, ajustes y estudios de mercado, Foodini será pronto una realidad en la cocinas de restaurantes, panaderías, pastelerías y casas de particulares, ya que está previsto que la próxima semana salga a la venta en Estados Unidos y a finales de abril, en todo el mundo a través de internet.

Foodini impresora 3D de comida

No obstante, los compradores recibirán sus dispositivos en la segunda mitad del año, según explica a Efe Emilio Sepúlveda, que comenta que aunque el desarrollo de la impresora se ha hecho íntegramente en Barcelona, la fabricación se llevará a cabo en China.

"Hemos optado por fabricar en China por costes, por fiabilidad y por una serie de factores que aquí no hemos encontrado", subraya Sepúlveda, que tiene 46 años, es ingeniero y antes de embarcarse en este proyecto había trabajado en el área de estrategia e innovación de una multinacional de telefonía española.

Natural Machines afronta con optimismo el inicio de la comercialización de esta peculiar impresora, cuyo precio ronda los 1.000 euros, "como un electrodoméstico de gama alta".

Dice Sepúlveda que hasta ahora han recibido más de 400 pedidos de Foodini, sobre todo de Estados Unidos, China, Brasil, Rusia y los países del norte de Europa, donde existe una gran afición a la cocina y "una tendencia muy importante por la alimentación sana".

Foodini impresora 3D

Natural Machines, que tiene su sede en las instalaciones de Barcelona Activa, planea lanzar en verano una ampliación de capital por un importe de más de 3 millones de euros, una cuantía que espera que suscriban en su totalidad inversores norteamericanos, que ya han mostrado interés por el proyecto.

"Nuestro proyecto no encaja bien con el perfil de los inversores de nuestro país. Aquí hay mucha aversión al riesgo, quieren cosas seguras y el hardware no entra en el perfil local", señala Sepúlveda.

La compañía quiere utilizar el capital captado en esta ronda de financiación para "crecer, vender más y más rápido y financiar el circulante".

De hecho, si los fondos norteamericanos acaban invirtiendo en Natural Machines, la compañía no descarta trasladar su sede a Estados Unidos o al menos mover allí a parte del equipo, que actualmente forman una docena de personas, entre ellos ingenieros, desarrolladores de software o especialistas en mercadotecnia y tecnología de alimentación.

"Las patentes ya las estamos haciendo en Estados Unidos. Aquí en España no se dan las condiciones ni de financiación ni de muchas otras cosas, es una pena", lamenta el socio fundador de Natural Machines.

La impresora Foodini funciona con conexión a internet y dispone de una pantalla táctil desde la que se pueden elegir recetas o diseñar un plato original.

Su funcionamiento es muy similar al de una impresora 3D convencional, aunque en lugar de tinta, Foodini se carga con hasta cinco cápsulas con ingredientes, siempre que no sean líquidos ni sólidos muy grandes. Los ingredientes se introducen en estas cinco cápsulas según las recetas que se venden con la máquina y el plato sale “impreso”.

El dispositivo, de aspecto similar a una impresora tradicional, crea los platos seleccionados imprimiendo finas capas de cada ingrediente, y como destaca Sepúlveda, "puede crear todo lo que puedas imaginar". 

La rapidez y la posibilidad de diseñar formas originales con los alimentos son sus principales atractivos. Las pizzas por ejemplo se elaboran en 10 minutos, y también los ravioli o los spaghetti.

“Los italianos nos dicen que las pizzas hay que hacerlas a mano pero ya nos han pedido varios que vayamos a Italia a mostrar la máquina”, cuenta Sepúlveda. Países como Gran Bretaña o Estados Unidos están “más abiertos a usar la tecnología”, dice el cofundador de la empresa, que también ha recibido peticiones de Brasil.

La máquina permite rediseñar los platos y elaborar “fish and chips” de patata y bacalao, o “nuggets” de “verdadero pollo”, explicó Sepúlveda en una presentación en la escuela de negocios ESADE de Barcelona.

También permite elaborar platos atractivos para niños como espinacas con forma de muñecos, diseñar barras energéticas con unas calorías determinadas o recetas celiacas. Ya hay un restaurante en Barcelona, Dos Cielos, que utiliza Foodini.

Sus chefs, Javier y Sergio Torres, dicen que la máquina permite realizar “formas que tú no podrías hacer de otra manera”. De momento, el 80% de la demanda procede de particulares y el 20% de negocios.

Sepúlveda cuenta que la creación les ha llevado un año y medio y que en ella han participado 12 personas. “Otras máquinas parecidas se han creado a nivel experimental, pero a nivel de comercialización esta es la primera que además prepara comida tanto dulce como salada”, apunta.

La idea surgió cuando dos socios de la empresa que tienen una pastelería quisieron crear una máquina para hacer pasteles. “Los clientes nos dijeron que solo para dulces no iban a querer la máquina, así que la hicimos también para comida salada, señala.

Sepúlveda reconoce que la máquina aún “crea una barrera psicológica porque se piensa que no es comida”. Pero mientras realizó la presentación en ESADE de la máquina salía un olor a chocolate con el que se elaboraron galletas de formas originales y … comestibles.

 

Llega a Kickstarter

Los promotores de la impresora 3D de comida Foodini, desarrollada por la empresa española Natural Machines, acaban de recurrir a Kickstarter, donde quiere conseguir los 100.000 dólares que necesitan para financiar su proyecto y hacer que sea posible su producción en masa. La fecha límite para lograrlo es el 25 de abril de 2014 y a fecha 28 de marzo de 2014 ya casi han conseguido la mitad.

Foodini es un aparato que puede recordar a un microondas moderno y cuyo diseño destaca en una cocina, pero no desentona. Una pequeña tableta Android de 7 pulgadas funciona como interfaz y permite al usuario controlar sus creaciones.

Otro de los aspectos interesantes de esta impresora es que no utiliza cartuchos tradicionales, sino que únicamente pone el contenedor (las cápsulas), pero el contenido (los ingredientes) corre a cargo del usuario. Esto da mayor libertad y calidad. En sus palabras, es "comida normal, impresa en 3D".

 La idea de la compañía es que los usuarios se olviden de las partes complejas y que más tiempo consumen de cocinar platos elaborados. Además, desde su pantalla es posible acceder a la comunidad de Foodini, donde será posible encontrar recetas y los planos de impresión.

Una vez seleccionados solo habrá que rellenar las cápsulas con los ingredientes necesarios (la empresa se plantea comercializar sus propias cápsulas, pero únicamente si encuentran la forma de hacer que los ingredientes sean frescos) y la máquina se encargará del resto. En función de la receta, será necesario cocinar después el plato o estará listo para comer.

Para llegar al mercado, Foodini debe recaudar 100.000 dólares en Kickstarter, una página que ya ha conseguido más de 1.000 millones de dólares en donaciones. Si lo consigue, costará unos 1.300 dólares, aunque en Kickstarter hay disponible una versión especial de 999 dólares, otra de 1.200 y una tercera para quienes aporten 2.000 dólares (será la primera en ser enviada y, además, incluye una videollamada con sus creadores).

Chef-Jet, la alternativa estadounidense

Por su parte, Kyle Von Hasseln presentó en el reciente festival multidisciplinar de tecnología, música y cine South by Southwest (SXSW) en Austin, Estados Unidos, una impresora 3D que produce caramelos, collares de chocolate y adornos comestibles para pasteles de boda.

Chef Jet y su versión más sofisticada Chef Jet Pro estarán disponibles en el mercado a finales de este año; la máquina tendrá un costo  de entre 4 mil  y 10 mil dólares, dependiendo de la cantidad de colores en que pueda imprimir.

"Utilizamos este prototipo en Sugar Lab, una pastelería de Los Ángeles donde hacemos todo tipo de confites divertidos, incluidos chocolates y caramelos", explicó el arquitecto, quien cursó también estudios de biología.

El proceso para imprimir los dulces comienza con la elaboración por ordenador de un modelo tridimensional del objeto que se quiere imprimir.

Un software de diseño divide ese modelo en capas, que sirven de patrones para la impresora, empezando con la capa inferior. La máquina distribuye una capa fina de azúcar que se rocía con agua.

Ese proceso se repite varias miles de veces hasta que se han completado todas las capas y se obtiene una réplica real de azúcar glaseado del modelo diseñado por ordenador.

 

 

Y las galletas Oreo personalizadas

Como se recordará, otra novedosa iniciativa relacionada con la impresión 3D de comida se presentó  en el mismo South By Southwest (SXSW), el festival de música, cine y de nuevas tecnologías que se celebra todos los años en Austin (Estados Unidos).

La marca de Mondelez puso a disposición en la feria una máquina de vending conectada con Twitter que incluía una impresora 3D. A través de esta máquina, los usuarios de la red social podían crear galletas oreo personalizadas en tiempo real e imprimirlas.

Oreo impresión 3D

El ordenador identificaba los ‘trending topics’ en la red social y ofrecía al cliente la posibilidad de elegir un máximo de dos. Un algoritmo que tomaba en consideración diferentes criterios (longitud del tuit, ‘sentimiento’ del tuit, grado de implicación de la gente en ese ‘trending topic’, etcétera) para decidir entre 10.000 posibilidades diferentes qué crema, qué pasta, qué color, y qué sabor tiene el Oreo. Si ese sabor le gustaba al cliente, solo le hacía falta aceptarlo, y la impresora 3-D lo producía. El consumidor también podía alterar colores y sabores de su tuit-galleta.

Aplicación: Gastronomía
País: España